[Preguntaron al Buddha, «qué practica Ud. y sus discípulos?» y respondió «nos sentamos, caminamos y comemos». El que preguntó insistió, «pero señor, todo el mundo se sienta, camina y come». El Buddha le dijo, «Cuando nosotros nos sentamos, sabemos que estamos sentados. Cuando caminamos, sabemos que estamos caminando. Cuando comemos, sabemos que estamos comiendo».
La mayor parte del tiempo, estamos perdidos en el pasado o nos dejamos llevar por el futuro. Cuando estamos mentalmente presentes, profundamente en contacto con el momento actual, nuestra comprensión de los acontecimientos se profundiza, y nos comenzamos a llenar de aceptación, alegría, paz y amor».
En «El largo camino se vuelve alegría», Guía para meditar caminando. Libro libre.]
La práctica de la presencia, «estar en lo que estoy» es quizás de las prácticas más olvidadas en la medida en que vamos creciendo. Cuando niños somos pura presencia, estamos absolutamente en lo que estamos: jugar, comer, reír o llorar. De adultos, ya quedó -muchas veces- en una nebulosa lejana eso de estar y ser en presente absoluto. Estamos, obvio. Pero nuestro pensamiento va cabalgando hacia otros tiempos y lugares. A veces anteriores, a veces futuros… y el cuerpo, este organismo físico en el que somos, parece exasperarse al sentir que está aquí, y no puede estar allá, o entonces, o después.
Parece que comenzamos, a partir de allí, la búsqueda de la forma de estar en paz de nuevo, en esa calma que vive en ese presente de donde nos perdimos. Es sencillo, al parecer. Sólo estar. Pero convencer a nuestra corriente agitada de pensamientos de descansar un momento no es tan fácil.
Por eso la invitación de Thich Nhat Hanh a estar en el momento presente es tan poderosa y tan sencilla. Porque estar presentes provoca un espacio donde nuestra mente viene, invitada por el cuerpo, a estar en «lo que es», en la experiencia y en la vivencia actual. Y algo se encaja de nuevo cuando miramos con los ojos del cuerpo y los de la mente a la vez. Algo toma más vivacidad, más realidad. La experiencia se encarna y se intensifica, y entonces, olvidamos el «entonces» y el «quizás sí…», y podemos saborear el momento presente, cada paso, cada respiración, cada palabra y cada sonido. El momento, al decir de Thich Nhat Hanh, se ha transformado en un «momento maravilloso».
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