Miro este tiempo, y a nivel global parece -bien seguido en las últimas semanas (meses y años también)- que se fuera perdiendo cordura y humanidad, en vez de avanzar hacia convertirnos en una especie compasiva, capaz de cuidar y cuidarnos, en respeto por la diversidad que nos enriquece.
Tengo muchas conversaciones con personas que están resintiendo -me incluyo- la sensación de estar en un mundo donde parece que hay días en que no es fácil encontrar la fuerza, o los recursos internos para afrontar una realidad que nos supera y se parece más a una realidad distópica que a lo que esperaríamos fuese nuestro mundo moderno, tecnológico y civilizado.
Es un tiempo ciertamente desafiante en lo personal y en lo colectivo, y me pregunto a menudo muchas cosas:
Cómo nos sostenemos frente a lo que no podemos cambiar?
Cómo se hace para lidiar con las enormes desigualdades e injusticias que siguen atravesando a nuestra especie, y de paso dañando el medioambiente, los ecosistemas en que se sostiene la vida?(nuestra propia vida!)
Cómo entramos en el sendero de la aceptación de lo que es nuestra realidad, manteniendo algo de entusiasmo y quizás el optimismo de que aún podemos intentar construir una mejor vida, un mejor mundo para habitar compartiendo el espacio?
Navegando intentos de respuesta, muchas veces compartidos en preciosas reflexiones con otras, otros y otres buscadores, sigo encontrando propuestas desde la compasión, la conciencia de humanidad compartida, la templanza, la aceptación que moviliza recursos, la creatividad y la confianza mutua, el rescate de los derechos humanos y la consideración del valor de la dignidad:
- Cuidar-nos (sí, a nuestra especie y también a las demás)
- Pasar tiempo con nuestras personas queridas y comunidades de significados compartidos
- Descansar lo suficiente (cuánto es «suficiente»? depende del cuando, para cada quien)
- Re-aprender a considerar lo que consideramos «distinto», tan valioso como lo conocido
- Prestar atención a lo que sucede en lo inmediato y también en lo «distante», y preguntarme a menudo qué estoy apoyando, qué subsidio (quizás sin darme cuenta) con mis elecciones de consumo y estilo de vida
- Preguntarme si mi cuidado está tomando una vía de negación de la realidad (evitando mirar y saber), o puedo, desde mantener la conexión, hacer espacio para prestar atención a mis necesidades y también a mis posibilidades para ayudar a mejorar la vida en plural
- Buscar activamente esas «buenas noticias» que los medios de comunicación parecen tan eficientes para eludir. Inspirarnos en lo que otras colectividades y personas logran hacer nos abre espacio a la creatividad y la colaboración tan necesarias
- Tomar decisiones y poner en movimiento acciones que apoyen el mundo en el que quisieramos vivir
En muchos lugares, pequeñas (y no tan pequeñas!) iniciativas personales y colectivas continúan tenazmente trabajando hacia objetivos de bienestar colectivo, respeto, sostenibilidad y cuidado.
Allí están los farolitos (y a veces más bien luciérnagas)
Farolitos que sostienen el entusiasmo por la vida, que llevan alivio a dolores, que levantan la voz frente a las injusticias e inequidades, que rescatan valores humanos, que educan y acompañan.
Farolitos que traen destellos de luz hacia los que podemos dirigirnos
Farolitos que podemos también encender y mantener- para seguir a flote mientras avanzamos en estas aguas revueltas.
Farolitos que nos recuerdan nuestra común humanidad.