Cuando dejamos de correr y percibimos profundamente el momento presente, recuperamos la calma y afrontamos mejor cualquier situación.
Somos como un árbol arraigado firmemente en la tierra. A veces cuando el viento sopla con fuerza, las ramas pequeñas y las hojas de la copa del árbol son zarandeadas violentamente de un lado a otro y el árbol parece muy vulnerable y frágil.
Nos enojamos o deprimimos tanto que creemos que vamos a morir.
Pero si miramos hacia abajo, veremos las fuertes ramas y raíces del árbol y sabremos que es mucho más sólido de lo que creíamos.
Cuando las emociones te zarandeen, mira hacia abajo y comprueba lo protegido
que estás por las raíces, la tierra y el tronco del árbol. Al abrazar el tronco, sentirás que es muy sólido.
Cada vez que te sientas zarandeado por la fuerza de una emoción, desciende al nivel del tronco. El tronco se encuentra un poco más abajo del ombligo, o sea que fíjate en tu vientre y sigue su movimiento.
Respira siguiendo la gatha: “Inspirando/espirando”, y no pienses en nada.
Centra la atención en la respiración y en el movimiento de tu vientre:
Inspirando/Espirando,
Lenta/Profunda.
Puedes practicarlo mientras vas en el autobús para ir al instituto, paseas por la
playa, estás tendido o sentado, y cuando estás solo o con amigos. Pero no lo
practiques sólo cuando tengas problemas. También debemos hacerlo cuando nos
sentimos bien, así cuando tengamos un problema nos resultará más fácil practicarlo.
Si lo practicas cuando te sientes bien, te será más fácil hacerlo cuando tengas un
problema. Volverás de manera natural a tu respiración.
Al inhalar, el vientre sube de manera natural, al exhalar a fondo, el vientre
desciende. Concéntrate mientras respiras en el movimiento del abdomen.
Thich Nhat Hanh
A la sombra del manzano rosal.