Unas frases de una de las reflexiones y meditaciones online que está compartiendo el Instituto Paramita en su plataforma de FB me dejaron pensando y sintiendo:
«Yo sí me voy a cuidar, porque otros necesitan que yo esté bien, que yo no esté mal.» Este cuidado de nosotros mismo que a veces se nos olvida, se nos escapa, y es TAN importante. Para ayudar, para acompañar, para poner el bienestar colectivo al centro, tenemos que poder cuidar de nosotros mismos con dedicación, con cariño, comprensiva y compasivamente.
«Estar apartados […] apartado de todo lo que te cause problemas. Para tener tiempo, energía, espacio para sanar lo que ya tienes dentro. […]Para sanar el caos interno, hay que alejarse del caos externo, de las demandas, locuras, pleitos, películas de los otros.» Apenas podemos con nuestras inquietudes internas, muchas veces, y el incesante movimiento externo nos agrega demasiado con qué lidiar… la salida habitual? Muchas veces irnos afuera, a responder a eso que demanda en lo exterior, dejando abandonado nuestro espacio interior. Cuál es la otra salida? Ir adentro, quedarnos suavemente acompañando lo que sea que habla, siente, espera. Escucharnos, eso seguro. Y ya cada unx irá encontrando lo que el cuerpo/mente/emocion/alma diga. Escuchar al cuerpo es tal vez lo primero… habla tanto! Re-encontrarnos con su lenguaje, a veces sutil (una sensación, una impresión, un estremecimiento. La sensación de que «sé», no se cómo, pero sé) a veces fuerte, sin sutilezas (una enfermedad, un dolor, una angustia que no deja respirar). Señales, lenguajes secretos entre el cuerpo y nosotros.
«Cada año reservar un tiempo para estar aislado de todo lo nocivo, de todo lo que instigue emocion negativa. Para estar mas resguardado, mas protegido, para estar en el espacio interno. Dependerá de la etapa en que se encuentre cada uno.» Cuanto sentido hacen los retiros, el silencio, la búsqueda de esa desconexión con el ruido externo para poder escuchar el susurro interno (o el filosofar, o el llanto, la risa, la despreocupación… lo que sea que anda por allí esperando ser escuchado). Necesitamos, nuestro sistema nervioso, nuestro cerebro necesita periodos de silencio cotidianos, ojalá. Descanso. Nada. Y cada tanto, un tiempo de varios días. Nuestra sensibilidad tiene capacidad crítica, sabe cuando algo -por mas aceptado y mandatado socialmente que esté- no nos viene bien en lo personal, en este momento. Escuchar es el asunto.
Y estar presente.
«Si vivimos el presente intensamente, ahi no hay conflicto.» Puede haber algo de qué hacerse cargo, y entonces nos podemos dedicar a eso. O puede haber algo que no podemos resolver, y entonces no queda mas opción que soltar (y dedicarnos, de nuevo, a lo que SI podemos hacer). Las pre-ocupaciones no resuelven nada (una obviedad, pero tan vigente por estos días). Dedicar tiempo a pensar en un plan?, eso si. Un tiempo específico, en que instalarse a ponderar la situación, las posibles salidas, los requerimientos, la ayuda que podemos pedir. Y seguir en presente.
«Siempre exige de ti lo mejor, pero nunca exijas de ti algo imposible. Si estamos completamente invertidos en el presente, plantando semillas puras, eso es lo mejor.» Tremendo. Lo mejor de nosotros, no lo imposible (que podría ser lo mejor de otro, imposible para mi). Vuelve a surgir la compasión como refugio, como ancla total. Si me trato compasivamente, sé que es lo que puedo pedirme en cada momento, sé lo que es posible y me permito eso, sin exigirme lo imposible. Se simplifica, se hace mas suave y mas tranquilo. Hago lo que puedo, doy de mi lo que es posible, y me doy lo que me es necesario.
Cuidar-nos.
Cuidarme y cuidarnos adquiere por estos días una relevancia desacostumbrada para nuestro modo de vida. Es esto una oportunidad? Si, como todas las experiencias, puede serlo. Con todos los dolores y problemas, que se suman y tal vez ponen la gota que derrama el vaso en un mundo lleno de dolores y de problemas… Lo extraordinario? Incontables muestras de cuidado, de esfuerzo, de amor y genuina preocupación por el bienestar de los demás. De trascender barreras para decir «aquí estoy, cuentas conmigo». Esa común humanidad resurge para acompañar el dolor, el miedo, la soledad. Ya todos sabemos que no es que nos vamos a morir todos, sino que podríamos evitar mucho sufrimiento y muchas muertes, si trabajamos juntos, si pensamos en todos, si ponemos nuestra intención y nuestra acción al servicio de entendernos como una parte del planeta. Sentir y pensar como colectivo, despertando (más) a la realidad de ser una comunidad global que puede hacer mucho mas para cuidar y cuidarse.
Vamos a atravesar este tiempo, a salir transformados (que es inevitable ya solo con vivir), y a ver, si con un poquito de suerte, con mas consciencia y mas amor para vivir, para estar juntos desde donde cada uno está, desde lo que cada uno es.
Este ejercicio via remota de Pub Choir dejó una estela de dulzura compartida. Cantar para si, cantar para todos, cantar con todos. Que sea una inspiración este gesto cariñoso gratuito.
Y es que parece que queda amor suficiente…
(Publicado por Pub Choir en YouTube, despues de que recibieron en 2 días mas de 1.000 videos desde 18 países, sumando voces a la invitación de cantar juntos)