(Quien eres ahora?)
Cual es el «verdadero» cambio de ciclo, de año, de tiempo (calendario gregoriano, portales estacionales, el paso de las lunas y el camino del sol, los equinoccios y los solsticios, cumpleaños y demás) no es, creo, el asunto, dado que para cada cultura y colectividad es un momento distinto el que tiene el sentido de la transformación y el paso. El foco es más bien el potencial de cambio que se produce en todos los espacios en que, por una u otra razón, nos situamos individual o colectivamente en el tránsito de uno a otro ciclo de tiempo.
Cada vez una oportunidad de dejar atrás lo pasado, de recoger los aprendizajes que la conciencia de nuestros propios pasos nos permita, y de renovar nuestro modo de vivir. No es poco. Y puede ser una pequeña inclinación la que cambie nuestro curso vital.
Los propósitos de cumpleaños o de año nuevo, de inicio de la rueda del cielo, o de cambio de estación, recogen para muchos la tradición de proponerse en cada movimiento una mejor versión de uno mismo. Lo intentamos una y otra vez… y ese porfiado espíritu de lo humano es una alegría siempre. Nos equivocamos, hacemos y nos hacemos daño, erramos las ideas, las acciones, la dirección, los afectos… y de nuevo, podemos tomar también la oportunidad de reformularnos y reinventarnos, de redefinir quienes somos.
Cada día podría ser el espacio que faltaba, la pieza que conecta y da sentido a dejar que la expresión de quienes somos, ligera o intensamente diferente, nos haga dar unos pasos hacia otro camino, en otra dirección, con otra profundidad, en otro ritmo y tonos.
Más que intentar cambiar, mucho parece indicar que la sabiduría consiste en dejarse transformar por cada momento y cada experiencia, y estar atentos a observar cómo es que la atención profunda a ESTE momento me cambia, me reinventa, me sacude y me deja siendo una que no es la que era antes, sino la que soy ahora.
Y los cambios de ciclo, de año, de estación pueden servir como metáforas que ayudan a empujarse al paso distinto, a la decisión postergada, al enfrentamiento del ‘quien soy ahora’.
Todo el tiempo nueva, todo el tiempo con la infinita, larga historia de quien fui… y totalmente siendo ahora. Con todo el aprendizaje, las marcas de dolor y las risas del transitar la vida. Pero nueva. No hay forma (que yo conozca) de detener el movimiento en que el propio tiempo nos lleva.
Nuevos, a cada momento nuevos, siempre en transformación, siempre a un segundo de decidir en libertad… Quien, como quiero ser, qué decido para este momento de indagar y sumergirme en lo que me toca vivir.
(Y entonces… Quién es esa persona que respira ahora?)